por Octavio Halle
La última edición del Foro Social Mundial realizada en la India durante enero de 2004, dio pruebas de su vitalidad y un paso exitoso en la mundialización del proceso. A su vez, puso de relieve algunos de los debates que se venían cociendo a fuego lento desde sus inicios.
En 2003, en Porto Alegre, el FSM dejó de ser un evento anual globalifóbico para convertirse en un proceso de confluencia de miles de activistas y numerosas propuestas que comenzaban a tener un horizonte común. Los Foros se multiplicaron en ciudades, países y continentes con variados ejes temáticos. Por un
lado, el FSM de Mumbay, sirvió para consolidar la confluencia de sectores sociales y políticos asiáticos e incorporar sus luchas y su fuerza al proceso mundial de resistencia. Allí se encontraron delegaciones de Pakistán, Japón, Bangladesh, Filipinas, movimientos populares de Tailandia y sindicalistas coreanos. También participaron sectores populares urbanos de la India, como es el caso de los dalits o intocables que están por fuera del sistema de castas.
Espacios temáticos
Además de los temas “clásicos” de los foros como los derechos humanos, la oposición a la guerra, las reivindicaciones indígenas y campesinas, la democracia
participativa y el pensamiento crítico, impactaron otros temas propios de la región, tal como lo señala James D. Cockcroft, “el comunalismo estilo de la India
(ejemplificado por el asesinato en 2003 de más de dos mil musulmanes en Gujarat), el fanatismo religioso, la violencia sectaria, las castas, el racismo, las exclusiones basadas en la ascendencia o el trabajo, las discriminaciones y el patriarcado.” (1)
Los espacios temáticos, como mudanza en la denominación de los ejes temáticos, fueron desarrollados a lo largo de cinco días en las instalaciones de una fábrica abandonada y acondicionada para el evento. Allí se llevaron a cabo alrededor de dos mil talleres, conferencias y seminarios.
Sin duda la guerra, por su gravedad y por su proximidad, concentró la atención de los más de setenta mil participantes. De este colectivo, las mujeres aportaron más del 50%, pero sólo dos de una docena de paneles abordaron temas de género.
Reflexiones sobre la marcha
Según Wallerstein (2), tres hitos marcan el camino del movimiento altermundialista: la protesta contra la OMC, en diciembre de 1999, protagonizada por el pueblo de Seattle; la conferencia anti-Davos, concretada en Davos por un grupo de 50 intelectuales, críticos del World Economic Forum; y la reunión
entre Chico Whitaker, Odej Grajew y Bernard Cassen, donde se acordó “hundir a Davos” mediante un proceso -no una organización- que no adopte posiciones, ni propuestas de acción conjuntas, pero con posiciones y propuestas de algunos o todos. Se acordó además que este proceso crearía
bases para construir un espacio “plural, diverso, no confesional, no gubernamental y no partidista”, poniendo énfasis en un modo de
acción descentralizado; sin jerarquías ni disciplina organizativa (3) Ese espacio fue llamado FORO SOCIAL MUNDIAL. Tras cuatro años, el proceso del FSM, está siendo repensado y reflexionado.(4) El debate luego de Mumbay, ha puesto de relieve, algunos ejes que merecen ser tenidos en cuenta.
Unos ponen el énfasis en cuestionar el financiamiento del FSM, dado que podría comprometer el rumbo del movimiento altermundialista. En esa línea grupos de izquierda maoísta, organizaron una especie de “contra foro” para expresar su descontento.
Mumbay 2004, puso en el tapete, la relación con los partidos políticos, cuya participación se halla vedada por la “Carta de Principios” del FSM. Fue la convergencia de movimientos sociales, partidos gandianos y comunistas, la que posibilitó la realización del Foro en la India. A la vez que para la izquierda india, ese proceso de organización posibilitó un espacio de unidad para sí misma. (5)
Por su parte, el Partido dos Trabalhadores, fue quien con su estructura y a través del gobierno de la Prefeitura de Porto Alegre, colaboró en mucho para realización de los Foros anteriores. También hace falta un sinceramiento, pues muchos militantes partidarios y de otros grupos participan del FSM a través de organizaciones sociales afines. El FSM, es un hecho esencialmente político y debería trabajar en la construcción de canales de diálogo que enriquezcan la diversidad de pensamientos.
Otro tema no menos interesante e importante, es la necesidad o no de un “programa unificado”. Quienes sostienen que la fuerza del Foro se basa en su diversidad y sus centenares de propuestas producidas año a año, no están pensando en “codificar”(6) las ideas y saberes del FSM en un “Consenso de Porto Alegre” opuesto al de Washington.
Por otro lado, apareció la tensión entre “foro abierto” y lo que se podría sintetizar en la idea de constituir una “nueva internacional”, al estilo de las
socialistas, sindicales u otras similares. No es un detalle menor, pues son muchos quienes sostienen que el éxito del FSM está en la fuerza de su diversidad, y que marchar en el sentido contrario, sería volver a repetir errores del pasado: “Los viejos movimientos, recuerda Wallerstein, creyeron que la estructura sería más eficaz cuanto más centralizada y unificada estuviera. Pero esa política los llevó por un camino que terminó por alejarlos del objetivo de cambiar el mundo. Hoy sabemos, después de siglo y medio de movimiento obrero, más de ochenta años de “socialismo real” y una década de zapatismo, que las formas organizativas no son neutrales: pueden ayudarnos a expandir los movimientos antisistémicos o a reconducirlos hacia el redil del sistema.”(7)
Entender que las diferencias y los distintos enfoques, se aborden sin producir la paralización del altermundialismo, es crucial para la construcción de una nueva cultura política basada en la democracia participativa.
| RECUADRO |
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La India según la mirada de los que asistieron al FSM
Cándido Grzybowski: A primera vista, parece una cacofonía. India en sí misma, con más de mil millones de seres humanos, es un mundo diverso, con más de 40 idiomas, con sus castas, con la exclusión social de los dalits (intocables o sin casta) y casi 300 millones en la indigencia. En el otro extremo, cerca de 200 millones integrados al mundo globalizado. El impacto es aturdidor, cultural y políticamente, todavía más para los ojos alertas de activistas de un emergente movimiento de dimensiones planetarias. Más de 20.000 dalits participaron del FSM y le dieron una dimensión bien popular. Las instalaciones en las afueras de Boaventura de Sousa Santos José Correa Leite Michael Albert |



