La tensión entre heterogeneidad e integración cultural, la política, la identidad, la educación como un derecho y el rol del Estado fueron atravesados por el debate cultural con panelistas argentinos y latinoamericanos que se dieron cita por estos días en la capital chaqueña, donde se celebra el IV de .

Los diseños del artista chaqueño más famoso del país, Milo Lockett, dieron el marco estético, colorido y diverso de una cumbre cargada de conceptos hermanados con el espíritu de la Asamblea del Año XIII donde la heterogeneidad cultural de un país se vislumbró en cada charla donde participaron cientos de gestores y creadores culturales de todos los rincones argentinos.

El análisis de las identidades culturales estuvo en la voz del sociólogo Marcelo Urresti, quien sostuvo: “las geografías imprimen carácter y tradición local, las distancias también generan enclaves de identidades colectivas”.

Pero, agregó el especialista, “son las identidades emergentes las que interpelan a estas hegemonías culturales, pero frente a los procesos de globalización y a los grandes monopolios económicos y de comunicación debemos plantear estrategias de regionalización”.

Así lo materializó Ramón Blanco, joven director de Cultura de la ciudad fronteriza Paso de los Libres (Corrientes), quien comentó la necesidad de fortalecer “el trabajo cultural en las regiones compartidas y la identidad en las fronteras permeables”.

Juan Chico, docente y dirigente Qom, observó otro proceso identitario: la investigación sobre los indígenas que estuvieron en Malvinas. “25 hombres qom y moqoit fueron a la guerra y recién ahora esto se hace visible”, dijo este joven que subrayó que la UNASUR no puede pensarse “sin los pueblos originarios”.

Tomando esa línea donde la política se hace carne con la cultura, el historiador cordobés Mariano Saravia sostuvo: “La UNASUR no es un sello de goma y hoy la Argentina es valiente porque se anima a hablar de la situación en Guayana, que es meterse con una potencia colonial como Francia”.

Es que una de las figuras más buscadas de este Congreso fue el poeta y militante Pierre Carpentier, del Movimiento de Descolonización y de Emancipación Social de La Guayana, que contó en afrancesado español la situación opresiva que vive su país -ubicado entre Brasil y Surinam, al norte de Sudamérica- en manos del imperialismo francés.

“Es un país administrado a la distancia por Francia, con una posición geoestratégica donde hay una base espacial, somos un ejemplo de colonialismo contemporáneo. Lárguense”, pidió en uno de las salas centrales, donde dio a conocer la dura situación de los 300 mil guayaneses que luchan por integrarse culturalmente a la región.

“La cultura es protagonista de los procesos de unidad”, resumió el cubano Ismael González, coordinador de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y planteó su preocupación acerca de que la “educación universal quede fuera de los temas de agenda de la cultura, como el analfabetismo y el reconocimiento de las lenguas originales”.

Otra postura fue la de Eduardo Rinesi, politólogo y doctor en Filosofía, que dijo que en Argentina hoy “se puede pensar que la educación es una derecho universal con la obligatoriedad de secundario, el crecimiento de universidades públicas y un Estado activo que promueve la . Es una buena noticia”.

Aún así se permitió observar la misma tensión que el cubano. “Hay debates como el pluralismo lingüístico y las dificultades de grupos humanos que en muchas provincias tienen como primera lengua o querrían volver a tener, aunque sea como segunda, la lengua de sus ancestros, cuyas historias culturales han sido sepultadas por el peso de una educación estatal muy aplanadora”.

En definitiva, dijo Rinesi, “hay problemas de inclusión y al mismo tiempo de reconocimiento a la diversidad y a la pluralidad de origen y de lenguas pero, si la cultura fuera pura incorporación de contenidos en una sola dirección, perdería parte de su densidad y de la lucha entre universos diferentes”.

Cada congreso tiene su propia finalidad, y para el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, en esta cuarta edición se intenta entender “la heterogeneidad cultural y el florecimiento de la obra singular, todo inmerso en un territorio colectivo”.

En Resistencia actúan en un mismo espacio creadores culturales, figuras de distintas regiones y “al mismo tiempo está el Estado, a quien se le reclama acompañamiento, financiamiento y abstención a la hora de definir. Como nunca el Estado financió tantas obras y nunca se abstuvo tanto de decir cuáles deberían ser, eso habla de pluralismo”, reflexionó González.

Como balance, el pensador indicó que esta cumbre es “el encuentro entre personas portadoras de una obra o que se desviven por reunirse con su obra y el Estado, que se desagarra presupuestariamente para ver cómo financia y acompaña”.

Los gestores culturales, protagonistas de esta edición en , para González son, en muchos casos, artistas que deben tener en cuenta al aparato estatal. Llevan “un título que no es fácil de sostener”, aunque en definitiva, dijo, estos son problemas “a los que llegamos en los últimos tiempos, antes ni siquiera existían”.

“El campo cultural argentino está más diversificado, no es verdad que va en un sentido único, nacional y popular; sino que convive con todas las tradiciones culturales y regionales. La creación sale del pueblo que atesora grandes experiencias de la humanidad, incluso las más encumbradas y vanguardistas”, concluyó el intelectual sobre el mosaico heterogéneo de la cultura, que se manifestó durante tres días en la capital chaqueña.