por Lucrecia Gallo*

El día internacional contra la violencia hacia las mujeres se conmemora cada 25 de noviembre. En Argentina hubo una movilización para decir basta a la violencia social, sexual y política contra las mujeres.


¡Algo habrán hecho! Es un viejo axioma que fomentó el terrible proceso dictatorial que se inicia en 1976 en la Argentina, pero también un comentario que sigue siendo utilizado por los sectores más reaccionarios de la sociedad. No es tan difícil recordar ejemplos de su uso, e incluso se conoce bien su espíritu legitimante en torno nefastos hechos cometidos en este país, como ser los recordados casos de María Soledad Morales o Romina Tejerina.

Según cálculos estadísticos, en Argentina se cometen ocho mil violaciones por año, debe tenerse en cuenta que esta cifra intenta dar cuenta de una realidad efectiva, muchas veces invisible, puesto que la mayoría de las mujeres que en la actualidad sufren algún tipo de violencia, ya sea sexual, social o política no realizan la denuncia por temor o vergüenza.

Un 25 de noviembre de 1960 Patría, Minerva y María Teresa; tres de las cuatro hermanas Mirabal, fueron asesinadas después de ser golpeadas, torturadas y violadas a raíz de su lucha contra la dictadura de Trujillo en la República Dominicana. Las hermanas Mirabal, llamadas “Las Mariposas”, son un símbolo, en su país y en toda América Latina. Por ello, en memoria de esas luchadoras el 25 de noviembre fue declarado “Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres”, durante el Primer Encuentro Feminista para América Latina y el Caribe en Bogotá, Colombia en el año 1981.

Desde aquel momento, como sucede cada 25 de noviembre, las mujeres denuncian la violencia sexista sistemática que sufren cotidianamente, que abarca desde las agresiones domésticas y las violaciones, hasta la tortura sexual y la violencia de Estado.

En el ya citado encuentro de Bogotá se trabajó en la responsabilidad de impulsar la celebración de esta fecha, que representa un compromiso y un acto de valor, dado que la mayor parte de los países de Latinoamérica estaban, por esa época, bajo dictaduras tan o más sangrientas que la de Trujillo, muchas veces apoyadas por los sectores conservadores que nunca dieron el visto bueno a las reivindicaciones femeninas.

La violencia contra las mujeres se repite día a día, bajo los parámetros legislativos y judiciales basados en un sistema patriarcal ancestral. Y como todas las fechas que se conmemoran, los movimientos sociales convocaron a una movilización que se realizó el 24 de noviembre de Congreso a Plaza de Mayo en Argentina, del mismo modo en otros puntos de América Latina las mujeres se organizaron para denunciar y acabar con la violencia y la opresión.

Más de 20 organizaciones políticas, sociales, feministas y gremios entre los que se pueden citar: Plenario de Trabajadoras, Las Rojas, Movimiento al Socialismo (Mas) Partido Obrero (PO) Convergencia Socialista (CS) Asambleas del Pueblo, Ftc Nacional, Polo Obrero, Suteba la Plata, Suteba Gral Sarmiento, Comisión interna de Crónica, Pts, Pan y Rosas, Mtr 12 de abril, Agrupación Ya Basta, Carne Clasista, Brazo Libertario, Izquierda Socialista (ex Mst el socialista) M29 – Ftc mesa nacional-APEMIA, elaboraron un documento común de denuncia al gobierno y la iglesia.

La manifestación fue contra las expresiones cotidianas de esta violencia que tiende a convertirse en un concepto abstracto gracias a quienes manejan los hilos del poder. Violencia que se vive en los hogares, en el trabajo, en la calle; violencia política, sexual, social y psicológica, a través del disciplinamiento, los asesinatos y secuestros de hijos.

En el documento denuncian un doble discurso por parte del gobierno Argentino y exponen “En lo que atañe a los derechos de las mujeres, cuanto más inaugura ámbitos en nombre de la mujer, o cuantas más mujeres pone a cargo de puestos de funcionarias, más se agravan los índices de precarización laboral, de violencia doméstica, los de violaciones y asesinatos de mujeres que quedan impunes. Más se agravan las condiciones de vida del conjunto de las mujeres de nuestro país. Además, mantiene un pacto con la Iglesia, institución que las mujeres bien sabemos que se dedica desde hace siglos a sostener nuestra opresión”.

Entre los ejes centrales de la marcha se reclamó la igualdad de salario entre hombres y mujeres, el beneficio de derechos básicos como la educación sexual científica y profesional, anticonceptivos gratuitos y derecho al aborto legal y gratuito para que cese la muerte de mujeres por aborto clandestinos. En el documento se expresa “Nos niegan además, los derechos básicos elementales de trabajo, salario básico igual a la canasta familiar, salud y educación para que las mujeres que desean tener hijos puedan criarlos contando con las condiciones mínimas elementales”.

Otra cuestión fundamental de la marcha realizada en la capital argentina fue el pedido de la libertad y absolución definitiva de Romina Tejerina, condenada por la culpabilidad de la muerte de su hijo, producto de una violación. Es que en ella, como lo expresan distintos voceros de los movimientos sociales, se condensa la tragedia de muchas mujeres del país, que sufren violencia por ser mujeres y por ser pobres.

El aborto clandestino es una de las principales causas de muerte de las mujeres en nuestro país. La actual pelea es por su legalización e incorporación como práctica medica en los hospitales públicos, en condiciones de asepsia y de forma gratuita. Pero la cadena se desarrolla en anteriores fases del proceso, ya que la educación sexual en los colegios es nula y no hay un control personalizado, en los hospitales de los métodos anticonceptivos apropiados para cada caso.

El 54 por ciento de las mujeres que trabajan, lo hacen en negro y los salarios son un 32 por ciento menor que los de los trabajadores varones, según los datos oficiales que ofrece el documento. Pero además de la doble jornada muchas veces sufren en sus empleos intimidación, hostigamiento sistemático, amenazas y acoso sexual.

Por ultimo cabe recordar que el tráfico de niños y la trata de mujeres son dos de los principales negocios clandestinos que mueven millones en Argentina. Como exhibe el documento “en la desaparición de mujeres en las redes de prostitución la participación de los poderes del estado es moneda corriente en todas las provincias: jueces, punteros políticos, abogados y policías se aseguran sus ingresos de este macabro negocio, en el que participa activamente la iglesia”.

Si bien no es necesario este tipo de movilizaciones para saber del maltrato sistematizado y la estrecha diferenciación que se ejerce sobre el colectivo femenino, no esta demás una fecha que conmemore y por ende mantenga en la memoria los casos que por el paso del tiempo, pierden vigencia a pesar de guardar en su seno la más cruda violencia.

*Desde la Redacción de APM
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