El ocultamiento como dispositivo ideológico para asegurar la reproducción de condiciones de dominación social y política, caracteriza la lógica del poder instituido particularmente desde la era menemista a nuestros días, más allá aún del desembozado exhibicionismo propio del país neoliberal, operación simétricamente opuesta con el mismo propósito: estructurar desde el poder un sentido común hegemónico, afirmado en la alienación. Si bien se presenta como una práctica liberadora, la regla principal del Club de la Pelea es “Nadie habla sobre el Club de la Pelea”.

Beatriz Arbasetti rompe con la regla para hablar sobre cuestiones no dichas u ocultas incluso en discursos críticos al capitalismo, como el que ensaya el film, tal la opresión de la mujer. Estableciendo un doble contrapunto con David Fincher y Slavoj ´i¸ek en el análisis de la película dirigida por el primero y basada en la novela de Palahniuk, la autora encuentra desde la perspectiva de género un plano de abordaje que indaga más allá que el cineasta norteamericano y el filósofo esloveno en la crítica a la cultura del capitalismo tardío y la sociedad patriarcal.

por Beatriz Arbasseti*

Haciendo una relectura de la película de David Fincher El club de la pelea (1999) a la luz de la interpretación de Slavoj ´i¸ek1, quisiéramos apuntar algunas reflexiones.

Aunque desde el título, el film ya plantea la violencia como elemento constitutivo de la sociedad contemporánea, sin embargo, el filósofo-sociólogo define como dual la relación amor-violencia, en tanto ninguno de los dos resultan totalmente separados e independientes uno de otro. Esta tensión no se inscribe únicamente como social sino que aparece instalada al interior del sujeto mismo. Por eso cuando J –desencajado y autómata por la persistencia del insomnio-, descubre que su padecimiento es ínfimo en relación al sufrimiento de los otros, inicia un itinerario de reconocimiento a partir del dolor ajeno en diferentes grupos de autoayuda. La actitud compasiva tan cristiana y tan habitual en la mirada hacia el diferente – doliente, deviene patente y produce el efecto lenitivo deseado : llorar con ellos induce el sueño.

El personaje de Tyler – voz de la conciencia u otro yo- empieza a remover el yo cuando interpreta el síntoma (insomnio) como la vaciedad de la vida, plena de fracasos y servil del consumismo.

“Las cosas que posees acaban poseyéndote” dice Tyler mientras lo instala en su albergue, una pocilga sucia, aislada y despojada de todo confort. Esta frase medular explica el modo de construcción del individuo en la sociedad capitalista: si el objetivo es consumir, hay que generar una total dependencia, una suerte de adicción de las cosas, aun de las más superfluas. En este punto recordemos el pasaje shakespeareano donde Hamlet próximo a enfrentar la muerte a manos de Laertes, dice : “si nadie es dueño de lo que habrá de abandonar un día, ¿qué importa hacerlo más tarde o más temprano?”. Nadie puede detener su propio destino ni materialidad alguna puede condicionar la partida definitiva. El contraste entre ambas representaciones es abismal, por eso resuena tan conmovedor aún en nuestros días .

La provocación a la pelea marca el punto de inflexión del viaje del Yo en cuanto significa la vuelta a la vida como recuperación del eros, el giro sobre sí mismo y por lo tanto, la aparición del otro-distinto de mí. Frases como “la depresión es nuestra vida, nos crió el televisor” ;”después de la pelea todo lo demás en tu vida bajaba de volumen”, “la pelea permite comprender que no estábamos solos” marcan un antes y un después. Hasta toparse con Tyler, el sujeto cooptado por el imaginario y la realidad del sistema, vivía, trabajaba, transcurría en la más absoluta soledad, según los mandatos patriarcales de los que el capitalismo se sirve para subsistir. Así, ambos personajes intercambian los consejos paternos al llegar a los veinticinco años: “cásate”, “consigue empleo”. Tyler recalca : “Tienes que olvidar lo que sabes”, lo que habla de la construcción cultural tan profunda que el patriarcado ha venido consolidando desde el paleolítico y cuya deconstrucción requiere la lucidez y el rigor de un esfuerzo mayúsculo. He ahí la fuerza semántica de “olvidar”, sumada a la responsabilidad personal que involucra, no sólo en relación al yo, sino también al otro ahora reconocido. La naturalización de los paradigmas de socialización es tal que no puede discriminar hasta qué punto se ha convertido en esclavo.”Somos una generación de esclavos incitados a comprar por la publicidad”, es la descarnada visión de Tyler, machacada una y otra vez como voz interior: “no eres tu empleo, no eres tu dinero en el banco, no eres tu auto”.

Según ´i¸ek, la representación simbólica del sujeto en la sociedad capitalista es el individuo sentado ante la computadora (antes frente al televisor, como el personaje de The wall, magnífico film precursor), venerado fetiche que garantiza la inexorable globalidad de la comunicación…sin la necesidad de una sonrisa inmediata, de la calidez de un apretón de manos y del abrazo reconfortante. Abstracción y aislamiento logran una distancia entre los sujetos que más que incomunicación concreta, generan un perverso rechazo por el otro e impiden por lo tanto, toda relación intersubjetiva dialógica que apunte a una construcción común. Esta violencia invisible ha llegado al extremo de que el sujeto no la experimenta como tal.

En la muestra de 2001 del BAFICI2, la excelente producción belga Thomas es amoureuse, también mostraba un joven veinteañero transcurriendo sus días delante de una computadora, resolviendo desde allí hasta las cuestiones más cotidianas porque en su neurosis, se había categorizado como agorafóbico. A través de Internet recibe una oferta de acompañantes ocasionales, una de las cuales lo conmueve no sólo por su belleza sino, sobre todo, por su melancolía. Cuando después de varios encuentros virtuales, la mujer impone la condición de verlo personalmente – amor mediante-, comienza la curación de Tomás con su primera salida, titubeante y tímida. Efectivamente y como señala ´i¸ek, opera aquí el milagro de la fuerza erótica posibilitando el retorno a la humanidad de la vida.

En El club… Tyler pregunta: “¿cómo puedes conocerte si nunca peleaste?”. Sobre el fondo de latidos, se plantea el momento en que el sujeto vuelve del estadio tanático en que se hallaba y principia el reconocimiento de sí. La experiencia indigna y autodegradante de los golpes produce, para ´i¸ek, la afloración del sujeto puro. En toda relación de dominación hay un componente libidinal- masoquista que el esclavo debe vencer para revertirla. Por esto señala el filósofo-sociólogo, la liberación necesita ser escenificada por algún tipo de actuación corporal. De ahí que el ámbito del club sea ideal a los efectos de la puesta en acto del proceso emancipatorio.

Ahora bien, la propuesta de Fincher procede de una perspectiva machista y falocrática, funcional al sistema que pretende cuestionar. Por eso sus varones recurren a la brutalidad de los puños para hacer autoconciencia. Sin embargo, ´i¸ek no dice nada al respecto, siendo que el film propone además el personaje de Marla, que sufre igual violencia y a quien sólo se le concede el desborde sexual como consuelo. Lo que ninguno señala es que no habrá liberación humana posible en tanto no haya emancipación de las mujeres, principales víctimas de la perversidad del sistema. Esta afirmación de Fourier3, retomada por Virginia Woolf4, es profundizada por Marcuse5, cuando propone una socialización universal de varones y mujeres en las cualidades femeninas de ternura, comprensión, sensibilidad y diálogo, que favorecen todo entendimiento. El filósofo de Frankfurt llama “resistenciales” a estas virtudes porque efectivamente operaron como objeción natural a las relaciones de opresión en las que se sostiene el sistema capitalista.

Para Marcuse no habrá cambio social si no se modifican las relaciones vitales en orden a nuevas subjetividades. Se trata de reformular las relaciones intersubjetivas con vistas a una sociedad emancipada. Entonces la así llamada “lucha de géneros” habrá de ser una lucha incruenta, con la razón discursiva como arma única para legitimar la lucha fundante de la humana emancipación.

El filósofo-sociólogo considera que Fincher en realidad no socava el sistema capitalista, sino que se limita a mostrar la evolución del sujeto que se atiene a la ley, aunque marcado por Tyler.”Soy tu amigo imaginario” y “tú me creaste” confirman la configuración de la conciencia yoica como personaje o doble espectral, al decir de ´i¸ek.

Si el club representa el espacio de una práctica política, el sujeto devenido autoconciente en la metáfora de los golpes no hace sino transgredir la ley. Sin embargo, el sangriento y prolongado espectáculo de aniquilamiento y autodestrucción desvía la cuestión central que es la revolución. ´i¸ek objeta, con razón, que la violencia proyectada hacia fuera exhibida por el film se convierte en el accionar de un grupo fascista dibujado con rasgos de robótica. En una ruptura ciertamente revolucionaria el único criterio posible es el de la utopía en acto. Y parafraseando a Goethe6, señala que somos libres mientras luchamos por la libertad.

En el último tramo narrativo, J mata a Tyler, el otro yo que ha posibilitado la dimensión autoconciente. “El arma está en mi mano” significa la habilitación para enfrentar el verdadero enemigo: el sistema. La escena final cuya estética actualiza la pareja original – Adán y Eva ante el Paraíso –, muestra de modo premonitorio el derrumbe de monstruosas torres, íconos del capital. “Al destruir sus edificios los liberaremos”, señala entonces nuestro héroe.

Sabemos que esto es insuficiente en el film y en ´i¸ek. Las Twin Towers cayeron en 2001 y el sistema no sólo sobrevive, sino que embate con renovada prepotencia y se traviste continuamente. No basta, como en el film, el deseo individual del cambio. La revolución requiere de condiciones propicias, pero también de la suma de pasiones individuales en la construcción de un colectivo social orientado por una rebelde voluntad de transformación para todos sus miembros. Entonces, si las prácticas femeninas reivindicadas por Marcuse, –comunicación, solidaridad, reconocimiento del otro como igual-, verdaderamente contraculturales, devinieran universales, se podría asestar un golpe de gracia al patriarcado y sus rasgos constitutivos de dominación. Se trata pues, y como primera medida, de operar en la reformulación de las instituciones destinadas a educar y socializar, a los efectos de generar un orden social más justo y equitativo, del cual la emancipación femenina será el hito fundante.

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NOTAS

1ZIZEK, S., A propósito de Lenin. Política y subjetividad en el capitalismo tardío., ATUEL/Parousía, Bs.As., 2004.

2Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente.

3Filósofo del socialismo utópico de comienzos del siglo XIX.

4En su ensayo Tres guineas acerca de cómo impedir la guerra.

5HABERMAS, J. y otros, Conversaciones con Marcuse, Gedisa, Barcelona, 1980.

6La frase de Doctor Fausto es “Sólo merece libertad y vida quien diariamente lucha por tenerlas.”